• Sobre mí: Propósito y currículum

    Sobre mí: Propósito y currículum

    7 de Diciembre de 2017 a las 10:30
    • PROPÓSITO VITAL

    • Mi propósito es ofrecer un acompañamiento cálido, profundo y efectivo, para ayudar a quienes desean aliviar su sufrimiento y potenciar sus recursos personales a través de un proceso de expansión de consciencia. Cuento para ello con una amplia formación psicoterapéutica, una práctica integrada de mindfulness y constancia a la hora de aplicar de forma coherente este nuevo enfoque a la hora de disfrutar de una vida más plena y feliz. Mi experiencia como tutor y terapeuta online me permite llevar mi propósito a personas que no pueden acceder a una consulta presencial, comprobando que es un recurso que actúa como acelerador de procesos de transformación al generar un especial espacio de seguridad e intimidad.  

    • CURRÍCULUM VITAE

    • Me licencié como psicólogo en 1996 en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, realizando estudios de posgrado en Psicología Clínica y Comunitaria, y estudios de doctorado en comportamientos juveniles de riesgo.

    • En la Universidad de Utrecht (Holanda), me formé en temas relacionados con perspectiva de género.

    • Formado en Terapia Familiar Sistémica en el centro de formación en sistemas humanos Atenea

    • Terapeuta Transpersonal, consultor y educador mindfulness en la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal 

    • Desde 2009, desarrollo mi labor profesional en la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, como investigador, creativo, psicoterapeuta y formador. Fui fundador y coordinador del área de Educación Transpersonal entre los años 2009 y 2012.

    • Facilitador de mindfulness en centros educativos.

    • Consultor mindfulness para empresas.

    • En 2012 abro mi consulta psicoterapéutica transpersonal y de mindfulness en Majadahonda: Psicotrans, tanto de forma presencial como on line, a través con videoconferencia.

  • ¿Para qué realizar una terapia transpersonal?

    ¿Para qué realizar una terapia transpersonal?

    9 de Marzo de 2018 a las 10:40

    Una idea errónea sobre la terapia psicológica, que sigue estando muy extendida, es que uno tiene que estar realmente muy mal para solicitar un servicio de este tipo. Invertir justo en aquello que ni un naufragio existencial pueda quitarle a uno, se ve como algo opcional, mientras que darse un homenaje en un restaurante una vez al mes o gastarse una parte importante del sueldo en ropa o en algún artículo costoso (pero prescindible) parece ser prioritario, acorde con los valores consumistas imperantes, como símbolo de status social.

    En tiempo de crisis económica, sin embargo, este tipo de inversiones destinadas al alma y a lo inmaterial, pueden acabar siendo realmente productivas y eficaces. Tomarse un tiempo para ayudar a aclarar las propias prioridades, tomar un respiro y energía para dar un salto laboral, haciendo una apuesta por ajustarse a una actividad más vocacional en lugar de dedicar tantas horas a "ganar dinero para vivir", y obtener una visión más clara de cómo colocarse con respecto a la familia de origen, la pareja y los hijos, para obtener relaciones más plenas. Además, y lo que es más propio de la terapia transpersonal, acompañar todos estos ajustes y actualizaciones con una visión más honda de la vida y proporcionar al alma su necesario alimento en una vida humana... no parecen ser un "lujo", sino algo necesario en los actuales tiempos de desorientación generalizada.

    Decidir hacer esto justo cuando comienzan a sentirse los primeros síntomas de cierta desadaptación, a través de la ansiedad, el estrés o la apatía, antes de que surja un trastorno con la suficiente entidad como para necesitar diagnósticoo y un acompañamiento desde la psicología clínica, puede llevar a que aún contemos con los recursos necesarios para aprovechar mucho mejor un acompañamiento terapéutico que cuando uno ya está postrado y de rodillas frente a la incapacidad de gestionar bien la propia vida. 

    De hecho, para una terapia transpersonal no es necesario si quiera que hayan aparecido estos síntomas tan generalizados, propios de la adaptación a una sociedad en sí enferma y competitiva, y con esquemas familiares y de relación desadaptativos. La terapia transpersonal aborda justamente las dimensiones que comienzan a aparecer cuando tenemos una buena base y hemos podido cubrir nuestras necesidades fisiológicas, de pertenencia y de autoestima. Cuando tenemos todo, a veces nos preguntamos por qué seguimos insatisfechos y cuál el sentido de la vida. Cuando todo está suficientemente bien, según Abraham Maslow (uno de los pioneros tanto de la terapia humanista como de la terapia transpersonal) comienzan a aparecer las necesidades de autorealización y de autotrascendencia, sin las cuales resulta imposible sentir que uno lleva una vida plena. 

    Unos cuantos meses suelen ser necesarios para conseguir integrar estos ajustes que harán que todo lo demás en nuestra vida funcione mejor y podamos estar aún más satisfechos de lo que tenemos, y ver claro aquello en lo que destinar nuestra atención y energía. Una visión más clara de nuestro porvenir, lo cual desde luego resulta enormemente valioso y justifica la inversión económica que vamos a realizar precisamente en nosotros mismos. Nuestro entorno social, sin lugar a dudas, lo acaba también agradeciendo. 

  • Falsas expectativas

    Falsas expectativas

    6 de Abril de 2018 a las 11:22

    Pertenece a la cultura popular hablar de las "falsas expectativas", ya que es una experiencia generalizada, desagradable y frustrante llevarse batacazos en la vida cuando la realidad defrauda lo que habíamos esperado de ella. Un conocido remedio de sabiduría popular nos lleva a preguntarnos si no estamos generando falsas expectativas, como modo de acolchar el golpe, de prepararnos de alguna manera ante lo que pueda finalmente ocurrir cuando esperamos que suceda algo. 

    Este cuestionamiento un tanto pesimista de nuestras esperanzas estaba impregnado de la virtud de la prudencia. La psicología popular sabe que el golpe es mayor cuanto más energía ponemos en creer que lo que deseamos finalmente sucederá. La vida va templando decepción tras decepción esta manera la manera infantil de ilusionarse demasiado con el futuro esperado.  La tolerancia a la frustración se va desarrollando, y atrás van quedando las pataletas sobre cuestiones nimias (al menos la exteriorización de ellas). 

    La sabiduría más trascendental parece llevar esta sabiduría popular a un extremo, al recomendar directamente vivir libre de cualquier expectativa. Vivir el presente, sin esperar nada del futuro. "Fluir" con lo que va viniendo. No se trata ya de discernir entre expectativas razonables y falsas, sino que se cuestiona la naturaleza ilusoria de la misma expectativa, como entelequia mental que nos distancia del momento presente. Se ilusiona el i-luso, aquel que carece de la luz de la conciencia.

    Sin embargo, ¿no es demasiado pedir para el ser humano vivir sin ningún tipo de esperanza? La virtud de la paciencia parece que necesita para ejercitarse del tiempo de espera. Paciente es más bien el que sabe esperar que el que ya no espera nada. Es fácil que en esa actitud de "ya no espero nada" haya más de resentimiento y resignación que de sabiduría trascendente, aunque de esta se disfrace. 

    Por el contrario, el verdadero sabio se entusiasma con la vida. En el entusiasmo (etimológicamente, "estar lleno de dios"), la luz que guía la vida está dentro, no fuera. Resulta maduro llevar brújulas psicológicas, manteniendo rumbos que dan sentido a la vida. Sin embargo, el sabio ha aprendido que las cosas no suceden como uno quiere, ni cuando quiere. Y que si no suceden, al ampliar la mirada, uno se da cuenta de que lo real es siempre mejor que lo imaginado. Siempre atento a perseverar lo justo y necesario, y saber soltar cuando es pertinente. 

    De esta forma, llego a la conclusión de que como seres humanos siempre estamos esperando que sucedan cosas, no podemos evitar que nuestro lóbulo prefrontal cerebral siga realizando su función de planificación. La realidad nos sigue decepcionando a pesar de que hayamos relegado nuestras expectativas a lo inconsciente, cuando no nos permitimos tenerlas. Eso muestra que en algún sitio no observado continúan actuando.

    Lo que podemos dejar de hacer es esperar que ocurra aquello que esperamos. 

    El anhelo es una esperanza que parte del entusiasmo, en lugar de la ilusión. El anhelo hace que nuestro deseo sea menos infantil y egocéntrico, es un deseo de que nuestra felicidad conecte con la felicidad de los demás.

    El anhelo se entrega a los dioses, y entonces uno puede decir con conciencia "ojalá" (que Dios lo quiera). Que nuestra pequeña voluntad se encuentre alineada con una voluntad mayor, con ese diseño inteligente que acaba determinando lo que sucede: "Hágase Tu voluntad". Por otro lado, nos hacemos responsables de lo que esté en nuestra mano hacer para que eso suceda. Perseveramos hasta que llega el momento de soltar, si la realidad nos deja claro que "no era por ahí". Ningún tiempo se pierde cuando lo empleamos en crecer internamente, madurar y hacernos así cada vez un poco más sabios en el arte de vivir. 

  • La realidad es compleja, no complicada

    La realidad es compleja, no complicada

    11 de Abril de 2018 a las 12:50

    El mundo de nuestra infancia era por necesidad simple. Las limitaciones cognitivas de nuestra mente nos hacen filtrar la realidad haciéndola aparecer como más simple de lo que es y, por su parte, los adultos tratan de dar respuestas a los niños ajustadas a su capacidad. De hecho, muchas veces el adulto comprende mejor la realidad cuando realiza este proceso de simplificarla con fines didácticos. 

    Es fácil que añoremos esa realidad simplificada de la infancia cuando nos hacemos mayores, y comenzamos a percibir que la realidad es mucho más compleja de lo que podíamos llegar a imaginar. Un mundo de claroscuros en el que no está tan claro quiénes son los buenos y quienes lo malos de cada historia, y en la que a menudo es dificil comprender qué interconexión existe entre elementos que aparecen como aislados y en contraste paradójico. 

    Es complejo observar, por ejemplo, que uno puede tener sentimientos enfrentados hacia alguien, y que a la vez podemos sentirnos atraídos por alguien a quien rechazamos en parte. Nuestros hijos nos despiertan un tremendo amor incondicional, y sin embargo hay momentos en los que nos sentimos irritados con ellos como con nadie. 

    Cuando nuestra mente no consigue comprender esta complejidad, la sensación aversiva que nos produce nos lleva a etiquetar esa situación como "complicada". Una palabra que incorpora una clara connotación negativa. Nadie parece querer llevar una vida complicada. Complejo, por el contrario, es un término más neutro. Una vida compleja puede ser una vida plena y rica. La complejidad puede llegar a ser interesante. Y ante todo, la realidad es compleja, queramos o no verla así. 

    Simplificar la realidad en el mundo adulto nos puede llevar a aumentar nuestro sufrimiento existencial, ya que la realidad se nos presenta como persistentemente más compleja de lo que deseamos. No vivimo ya en ese mundo infantil, y tratar de hacerlo no es más que una fantasía regresiva. 

    Como todo el que se embarca en  un viaje, al jardín del Edén volvemos diferentes de como salimos de allí. No podemos pretender mantener aquella ingenuidad característica del mundo simple. El camino hacia la plenitud y la salida del laberinto mental está en la sencillez, que nada tiene que ver con la simpleza.

    Si vemos la realidad como "complicada", preguntémonos si no es nuestra mente la que la complica en el intento de comprenderla. De alguna manera, nuestro ego se apega a sentirse el centro dramático de su existencia. 

    Para comprender lo complejo necesitamos desarrollar una mente sencilla e inocente (no ingenua), que pueda descartar lo irrelevante y observar las cosas de una nueva manera, con "mente de principiante".  

  • No-juicio: La sombra del ideal es alargada

    No-juicio: La sombra del ideal es alargada

    17 de Mayo de 2018 a las 12:24

    Uno de los pilares fundamentales de mindfulness tal y como lo expone Jon Kabat-Zinn es el de "non-judgement", traducido como no-juicio. Tras cierto recorrido con esta compasiva intención formulada, uno se llega a preguntar si es posible para la mente humana dejar de juzgar. 

    Cuando generamos un nuevo ideal sobre el comportamiento del ser humano, parece intensificarse el polo opuesto de lo que se pretende alcanzar. La tentación se alimenta inconscientemente. Empiezo a pillarme juzgando severamente a aquellos a los que observo juzgar a otros... y resulta difícil ser consciente de este juicio. No digamos si es nuestra persona la que resulta juzgada... mi reacción no tarda en estallar contra aquel que expresa impunemente su juicio hacia mí. 

    Fácilmente acabamos cumpliendo la función de policía del no-juicio, tratando de que sean las personas de mi entorno cercano las que dejen de juzgar a los demás, y por ende, a mí mismo. Esto es, usamos el concepto de no-juicio como una nueva estrategia para salvaguardar nuestro ego y nuestra imagen, ya que lo que más nos apela de este ideal es que dejemos de ser al fin juzgados por nuestros actos. Seguramente, con algo de indagación, lleguemos a la conclusión de que tan solo me afectan los juicios de los demás si previamente yo mismo me juzgo. No hay juez más implacable con nosotros mismos que nuestra voz autocrítica. Los demás tan solo meten el dedo en una llaga/herida previa.  

    Otra resistencia clara a la hora de adoptar el no-juicio depende de una sana pregunta: ¿Dónde quedan mis propios gustos, preferencias... mi criterio personal, en definitiva? Parece que no se trata de terminar de "perder el juicio" y la sensatez a través de mindfulness, sino dejar de juzgar lo que no me gusta o no comprendo. No es necesario perder la perspectiva propia, sino darme cuenta de que es una perspectiva más... válida, pero no única. No-juicio lleva a ampliar la conciencia. A nivel personal, los juicios definen una forma de ser distintiva. Tan solo desde un nivel transpersonal puedo colocarme en la posición de observar las diferentes perspectivas de manera imparcial. Nuestra parte personal siempre será parcial... pero, ¿puedo darme cuenta de la visión subjetiva que añado a la realidad?

    Antes de deshacerme de un juicio o de soltarlo, es necesario que sea capaz de observarlo, de reconocer que estoy juzgando. Si me juzgo por juzgar, será más difícil darme cuenta de que juzgo. El juicio pasa a formar parte de lo que me avergüenza de mí mismo, pasando a disociarlo internamente y relegarlo al inconsciente, donde actúa de manera acentuada. Los demás se dan cuenta de la manera pasivo-agresiva en la que juzgo... ¡y ahora sin darme cuenta de que lo hago! 

    La sombra de nuestros ideales es alargada en nuestro inconsciente. Mejor sentir compasión por una mente humana que hace su trabajo, juzgando y comparando. Para trascender, es necesario previamente observar y reconocer, de manera que pueda darse una trascendencia desde la integración. El círculo vicioso y pertinaz del juicio encuentra su salida cuando comienzo a ser compasivo con mi propia tendencia a juzgar, y a juzgarme. Es el único punto en el que puedo comenzar a ablandar mi mirada interna, ya que lo contrario me mantiene en las ascuas del autojuicio. 

    Esto no implica que seamos condescendientes con los aspectos que podemos actualizar de nosotros mismos. Cuando encuentro la suficiente valentía para reconocerme y aceptarme tal y como soy, es cuando puedo darme el permiso para, de manera compasiva, efectuar una pequeña mejora posible en cada momento de consciencia. Si mantengo la voluntad de madurar, tampoco tengo por qué mostrar fuera mis aspectos sombríos. Los mantengo dentro por compasión, veo lo compasivo que es mantener filtros y cierta máscara social. No pierdo autenticidad en la medida que no me hago inconsciente de esos aspectos... mantengo mi trabajo interno de autoindagación, autocompasión y mejora continua.

    De lo contrario, acabamos usando la norma idealizada del no-juicio para activar ese nivel infantil pre-personal que busca hacer lo que a uno le viene en gana. ¡Soy auténtico, no me juzgues! Observemos este nuevo juego de la mente, en el que tan fácil es caer. 

    Permanezcamos atentos en este juego de espejos, para ver cuanto antes qué aspecto de mi propia sombra personal reflejan mis juicios hacia los demás. Una puerta abierta al conocimiento de uno mismo. Al dejar de juzgar, dejo de juzgarme. No necesito juzgarme para mejorar. De hecho, me dispongo a mejorar sin tanta resistencia cuando soy más compasivo conmigo mismo. Reconozco humildemente que tengo aspectos a actualizar, pero sin embargo esto deja de avergonzarme. Después de todo, soy un ser humano más. No permito que mis ideales se vuelvan en mi contra, volviéndome una persona rígida con los demás... Si me vuelvo rígido, lo observo cuanto antes...

    Aquellos que luchaban por el ideal de "amar al prójimo" acabaron torturando... Parece que no es buena idea luchar contra el mal. Enfoca la atención en amar más... incluso al que te juzga. Su juicio tan solo refleja el conflicto interno en el que sigue sufriendo. La compasión es la clave.

  • Psicoterapia y mindfulness online: Vinculación de alta calidad en un espacio de gran seguridad

    Psicoterapia y mindfulness online: Vinculación de alta calidad en un espacio de gran seguridad

    28 de Mayo de 2018 a las 12:42

    Como toda innovación, la psicoterapia online es vista con cierto recelo incluso por los profesionales que nunca han dado el salto a ofrecer sus servicios en el ciberespacio, a través de videoconferencia. El mayor prejuicio tiene que ver con la posible "frialdad" en el vínculo terapéutico. ¿Qué sucede si el paciente necesita un abrazo? ¿Cómo no ofrecer mi mano si rompe a llorar?

    Cuando estas preguntas que nos mantienen apegados al sistema tradicional presencial, seguramente no nos hayamos dado cuenta de un dato relevante. La presencia física del terapeuta como una figura desconocida de autoridad, que puede resultar amenazante a muchos clientes que, por la naturaleza de su ayuda, posiblemente cuenten con un tipo de apego de por sí inseguro o ambivalente. 

    Algo que por un lado puede hacer desestimar el apoyo psicológico, pese a que se necesite, si no se cuenta con un profesional que sea avalado por "boca a boca" de alguien de confianza... y ni aún así. Por otro lado, si se da el gran salto de ir al lejano espacio del despacho del profesional, seguramente gran parte de las primeras sesiones se empleen precisamente en que el paciente vaya sintiéndose cómodo en ese nuevo espacio, y vaya vinculándose lentamente con el terapeuta... Una persona que seguramente le esté juzgando desde un criterio profesional desconocido ("debe de estar psicoanalizándome"...)

    Es hora de desterrar por tanto este mito de la frialdad de la psicoterapia on line. Tras 10 años de experiencia en este innovador sector, puedo decir que la apertura de los clientes es bastante mayor desde el espacio de seguridad que les ofrece estar en sus propias casas. El profesional es un invitado a su espacio, y además el espacio vital está asegurado precisamente porque no hay posibilidad de contacto físico. El control del espacio por parte del cliente es mucho mayor, de tal manera que si no quiere ser visto, bastaría con apagar su cámara. Aunque nunca lo haga, la mera posibilidad les ofrece seguridad. 

    Por otro lado, como experto en mindfulness, la integración del principio del no-juicio hace que, por lo general, el cliente se sienta acompañado por alguien especialmente cercano y humano, no por un "experto en salud mental". Partimos siempre de que nadie sabe más del paciente que él mismo, y nos atrevemos a aventurarnos en su mundo subjetivo con curiosidad e interés por comprender, no con la intención de analizar fríamente desde esquemas teóricos previos. 

    Cabe destacar que muchos profesionales que realizan su servicio de forma presencial, se mantienen en esta actitud fría y distante, que en realidad poco ayuda a que el cliente aprenda a relacionarse desde una vinculación sana y segura. La cercanía es una cuestión del corazón, no de los metros que nos distancian. 

    Desde este enfoque en la maduración del cliente, el contacto físico, sobre todo cuando no es requerido, colabora en mantener las pautas inmaduras. Nuestra mirada cálida sostiene el proceso, mientras el abrazo sucede donde en realidad es necesario que se dé... dentro del paciente. Es él el que necesita aprender a abrazar a su niño interior herido, mientras nosotros atestiguamos el proceso con una mirada cálida. Así va aprendiendo a sostenerse a sí mismo, en lugar de generar de nuevo una relación regresiva y emocionalmente dependiente. Por verdadero amor, queremos que nuestros pacientes crezcan interiormente, sabiendo que así son más felices. 

    El ahorro de coste de tiempo y dinero, terminan por mostrar que la satisfacción con los servicios de psicoterapia online son muy altos, revelando la excelente calidad del vínculo establecido y la comodidad para el cliente. 



     

  • Sácame de mis casillas, por favor

    Sácame de mis casillas, por favor

    11 de Junio de 2018 a las 11:26

    Llevo toda la vida tratando de encontrar las mejores "casillas" en las que hacer que la realidad me cuadre. Me han enseñado toda la vida a hacerlo, sobre todo en el mundo académico. Parece como que puedes controlar más algo cuando encaja en una categoría mental. Parece. Dicen los psicólogos que los esquemas mentales, y con ellos los prejuicios, hacen que consumamos menos recursos atencionales. Necesitamos que todo aparezca de forma simple en nuestra cabeza para poder ir más rápidos y no prestar demasiada atención a cada persona con su biografía única, ni tampoco a todo aquello que ya creemos conocer. Vamos tan felices con nuestra cabeza cuadrada en la que tratamos de meter la realidad, como un saco de dormir en su bolsa. Toda la realidad cabe en la cabeza de cada uno, si la forzamos lo suficiente. Y cada uno luego ve su propia realidad deformada, creyendo que es la verdad.

    Como el sistema hace aguas, tenemos que dedicar toda la energía que no dedicamos a atender a convencer a los demás de que nuestras casillas mentales, en las que ordenamos lo que vemos, son las más adecuadas. En el fondo todos sabemos que nuestras estructuras mentales están sujetas con pinzas... así que no soportamos bien que nos contradigan. Me pregunto si estoy equivocado, y entonces tengo miedo de que se me vayan esas pinzas... y los velos que me distancian de lo real se vayan volando con el viento. ¡Qué miedo, con todo lo el tiempo que me costó hacer esas coladas... y todo lo que he sufrido en balde por ellas!. Después de todo... ¿Acaso no soy yo esas casillas con las que percibo la realidad, mi punto de vista único? Pero por otro lado... si consiguiera convencer a todo el mundo de que pensara como yo... ¿Entonces en qué me diferenciaría de los demás? - El eterno drama de la falta de cimientos del ego. 

    Cuando me doy cuenta de toda esta locura, permito que "se me vaya la pinza", la pinza que sujeta lo que no es sólido en mi personalidad. Me abro a la realidad deseando que venga alguien a sacarme de mis casillas. Me doy cuenta de que si no quiero que esto suceda, mejor será no tener pareja ni hijos. Ellos nos sacarán permanentemente de las casillas, por la intensidad del vínculo que nos une. Si no quiero que nadie me saque de mis casillas, mejor aislarme. Los demás serán vistos como tóxicos que me invaden. Para terminar de creerme que soy lo que pienso de mí, mejor no hacer caso a nadie... y terminar entonces de volverme loco. ¡Al fin tengo razón, el mundo es como yo lo veo! 

    Mejor sácame de mis casillas, por favor. 

  • Jornada prácticas Mindfulness y Psicología del Bienestar

    Jornada prácticas Mindfulness y Psicología del Bienestar

    2 de Octubre de 2018 a las 11:26

    Una jornada para iniciarse a la práctica de mindfulness, desde un modelo lúdico y participativo. Las actitudes de mindfulness de compasión, paciencia, soltar, no-juicio y mente de principiante se incorporan mejor desde un modelo educativo flexible y acompañado de humor y juego, en lugar de la tradicional seriedad y rigidez con el que suelen presentarse las prácticas de meditación. Para ello, y através de mi experiencia en la aplicación de mindfulness a contextos educativos, surge el modelo SOPA. Mientras permanecemos instalados en el run-run de nuestros pensamientos, vivimos en una ensoñación en la que perdemos el contacto directo con la realidad, tal y como se está dando. Vivimos medio SOPA. Para despertar, nada mejor que darse cuenta de que uno está sopa, y hacerlo de una manera compasiva con uno mismo. Por eso, para despertar, lo mejor es tomar una cucharada de "sopa" de atención plena: S(entir), O(bservar), P(articipar) y A(ctuar). Un modelo en cuatro pasos para ir integrando a través de propuestas lúdicas estos pilares de la práctica de mindfulness. Participar es hacernos consciente de que formamos parte de algo mayor, es conciencia de nuestra profunda interconexión, lo que nos saca del sueño egocéntrico. Actuar es darnos cuenta de que podemos decidir qué personaje deseamos representar en la vida, y elegir una actuación consciente, que aporte amabilidad a nuestras interacciones. Actuar es responsabilizarse de nuestro comportamiento, dejar de hacerlo automático para hacerlo consciente. 

    La jornada consta de dos partes: La mañana (Sentir y Observar) transcurrirá de 10.00 a 14.00, dando un descanso para comer. Después volveremos con la segunda parte (Participar y Actuar), de 16.00 a 19.00. 

    El precio de la jornada es de 40 euros en promoción hasta el martes 9 de octubre (incluído), y de 60 euros a partir del jueves 10 de octubre. Existe posibilidad de asistir solo a una de las dos partes del taller, a mitad de precio. 

    El grupo máximo será de 12 participantes. 

    Anímate a participar, ¡toma una cucharada de SOPA mindfulness para despertar!